Cambia tu mundo

Ayer estaba aburrida, como de costumbre, y me topé con este artículo en facebook. Me pareció genial, da que pensar un poco en nosotras mismas, que también nos lo merecemos, no?

Yo, personalmente, tengo momentos de bajón (supongo que como todas y todos) pero en el fondo me quiero y me gusta como soy. Cuando algo de mí no me gusta, intento cambiarlo, pero no porque nadie me lo diga sino porque me doy cuenta yo sola y me apetece un cambio para sentirme mejor. No hablo de físico, claro, hablo de algo más profundo.

Aquí os lo dejo: (podéis mirar su web código nuevo aquí)

Estoy Rodeada De Mujeres Que Quieren Cambiar Su Cuerpo En Lugar De Cambiar El Mundo

Mientras que las mujeres están preocupadas por su apariencia estética, por su peso, por su pelo seco o graso, vello corporal, arrugas, celulitis o por las calorías que queman en el gym, el machismo se felicita ante el éxito de su plan de opresión.

Es tal la presión que sufrimos las mujeres ante nuestro cuerpo, ante el ideal inalcanzable de tener un cuerpo perfecto, que hasta en los anuncios de depilación aparecen piernas ya depiladas porque, al parecer, el pelo que crece en las piernas de todas las mujeres, es capaz de producir el caos y horrorizar a un sector privilegiado de la población (los hombres blancos cisgénero heterosexuales). Pero no solo el vello corporal femenino hiere la sensibilidad de cierto público, también parece que lo hace la menstruación. Aunque la sangre menstrual es la única sangre que no tiene un significado violento, continua siendo un tabú tanto en nuestros entornos más íntimos como en la publicidad que la pinta de azul.

Ante opresiones y represiones, me pregunto, chicas: ¿por qué no dejáis de torturar vuestros cuerpos con dietas imposibles para alcanzar bellezas ideales, con rituales de estética que son sutiles torturas y apostáis por normalizar la gran diversidad de cuerpos que poseen las mujeres? ¿Por qué os empeñáis en parecer niñas, débiles, delgadísimas, obsesionadas con los carbohidratos en lugar de centrar vuestras energías en acabar con la publicidad sexista, en denunciar aquellos consejos de ‘belleza’ que fomentan la anorexia y la bulimia? ¿Y si escucháis vuestro cuerpo cuando estáis con la regla en lugar de sentir asco ante vuestros fluidos naturales?

Y vosotros, chicos, ¿por qué no sois capaces de deconstruir vuestro concepto de belleza femenina y seguís reproduciendo el ideal de belleza perfecta que NO podemos alcanzar sin poner en riesgo nuestra salud, sin narcotizarnos en nuestra propia obsesión? ¿Acaso queréis mujeres narcotizadas? ¿Es eso lo que os interesa en una tía? ¿Que esté más preocupada por los centímetros de su cintura que por ser independiente, que por llenar su cerebro? Y cuando una chica os parece atractiva, ¿por qué justificáis comportamientos maleducados e intimidatorios, así como agresiones sexuales, bajo la excusa de “los tíos no se pueden controlar”? ¿Sois humanos o una olla a presión?

 

La sociedad ha educado a las mujeres para que experimenten o bien su cuerpo como una cárcel, como un peligro o como un tesoro, como una joya que deben exhibir con máximo esplendor, sin imperfecciones. Cuando una mujer se rebela ante estas opciones, cuando un hombre la acompaña rechazando todo imaginario sobre la “belleza ideal femenina”, el machismo retrocede.

Yo no quiero un cuerpo de niña. Yo tengo un cuerpo de mujer. De mujer real. Mido 1,70. Peso 68 kilos. Mi sujetador es de la talla 85 y mi culo se ajusta a una talla 38. Existo. Y estoy cansada de que las mujeres tengamos que disimular, esconder, eliminar y cambiar quienes somos, cómo son nuestros cuerpos, para que en verano se nos mire con aprobación, con deseo y sin asco.

 

Habito un cuerpo que no me hace sentir atrapada sino que me permite ser yo misma, que me hace sentir libre. ¿Somos muchas las que podemos decir esto con honestidad, sin miedo, con orgullo? Cada vez que las mujeres perseguimos el ideal de belleza que nos proponen las grandes marcas, la cosmética, la cirugía estética y la publicidad, nos amortajamos en nuestro propio burka occidental.

El ideal de belleza patriarcal es un ataúd. Las medidas perfectas sepultan, silencian y eliminan a las mujeres reales. Las medidas perfectas actúan como un sedante y evitan que las mujeres tomen conciencia de qué significa ser mujer en una sociedad machista. Además, les impide trabajar y afianzar su autoestima, su lealtad a sí mismas, su amor y respeto, su reconocimiento como plurales, diversas e indiscutiblemente únicas.

 

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